Chile es un país pobre y no de clase media, como se ha creído o se ha dicho. Un país constituido, fundamentalmente, por trabajadores cuya realidad está marcada por una profunda desigualdad y discriminación. La brecha entre los más ricos y aquellos que se alimentan gracias a las ollas comunes es abismante y resulta urgente hacerse cargo de ello si queremos generar desarrollo sostenible y fortalecer la democracia y la paz social. El Barómetro del Trabajo, encuesta realizada por las fundaciones MORI y FIEL, con la promoción de la fundación Friedrich Ebert Stiftung y de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile, fue dada a conocer esta mañana, vía streaming, desde las plataformas Facebook, Youtube y Twitter de la CUT. Sus resultados arrojaron datos impresionantes y desgarradores, como que solo 3 de cada 10 chilenos están pudiendo acceder a una comida caliente al día.

Los resultados fueron expuestos y analizados en profundidad por la ex directora de la Central de Estudios de la Realidad Contemporánea, CERC y actual directora de MORI, Marta Lagos. Comentaron, posteriormente, la presidenta del Senado, Yasna Provoste, el presidente del Foro Permanente de Política Exterior y ex director de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, Juan Somavía, el encargado de Diálogo Social de la Fundación FIEL, Pablo Zenteno, y la presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores, Bárbara Figueroa.

Por su parte, Bárbara Figueroa, destacó que el Barómetro del Trabajo es una herramienta única en América Latina y que muchas organizaciones sindicales del mundo miran, con muy buenos ojos, todos sus resultados. Anunció su entrega formal a las autoridades, con el propósito de construir mejores políticas públicas, porque es un instrumento válido y potente para conectarse con la ciudadanía.

En este sentido, criticó nuevamente la designación de Patricio Melero, como ministro del Trabajo. “Fue una mala señal, porque siempre ha estado en contra de cualquier avance en materias laborales; sus declaraciones son caldo de cultivo para los abusos”. “Hay que ser cuidadosos con las señales que damos al país, cómo protegemos a los trabajadores, cómo regulamos el trabajo, cómo lo fiscalizamos y cómo fortalecemos el derecho a la organización sindical, en beneficio de la democracia. Que podamos ser constructores de esperanzas”, resaltó.

La muestra consideró un universo de 1000 chilenos, mayores de 18 años, de todo el territorio nacional, fue realizada entre el 15 de marzo y el 5 de abril. Varias de las preguntas formuladas fueron planteadas de manera abierta, para representar el sentir de la población lo mejor posible.

El Barómetro del Trabajo se ha llevado a cabo los últimos tres años, generando siete informes de invaluable aporte a la construcción de políticas públicas, toma de decisiones y el desarrollo de la intelectualidad.

El 81% de la población señaló que sus principales problemas son la falta de recursos económicos y la desigualdad. Este dato es de vital relevancia, porque desmitifica la idea de que Chile sea un país de Clase Media; muy por el contrario, claramente, las personas consideran que sus ingresos no les permiten cubrir sus necesidades más básicas, como alimentarse. Como dijimos, anteriormente, solo 3 de cada 10 personas está pudiendo acceder a una comida caliente diaria. “La crisis económica ha ido acrecentándose durante los últimos meses”, aseguró Marta Lagos.

La desigualdad que experimenta la población, confirma las razones del estallido social, profundizadas después por la pandemia. Chile no puede llegar al desarrollo ni salir de la crisis, si no cambia las condiciones laborales de sus trabajadores.

El 75% de país son trabajadores, pero solo la mitad de ellos declara estar feliz con su trabajo, con su sueldo, con las condiciones laborales y la estabilidad del mismo.

“Sus aspiraciones no son desmesuradas, son bastante modestas; que les permitan comer y solventar sus gastos básicos”, destacó Marta Lagos, en relación al sueldo mínimo de 465.000 pesos promedio, propuesto libremente por los encuestados. “El monto no dista tanto del planteado por la CUT de 500.000”, argumentó Bárbara Figueroa.

“Es momento de llamar las cosas por su nombre, reconocer la realidad que confirman estos datos”, dijo Marta Lagos, quien destacó que la pandemia agravó aún más la distancia entre la clase acomodada y el resto del país, por ejemplo, con la posibilidad de acceder al Teletrabajo. El 82% de la clase alta puede efectuarlo, en circunstancia que el 60% de los que lo realizan costean los gastos que este implica. Un 85% de los chilenos dice que los sueldos son insuficientes, el 64% siente que su sueldo no es justo.

Existe consenso entre la población sobre temas como regular esta nueva manera de trabajar a distancia y también sobre valorizar actividades como los cuidados de enfermos o adultos mayores, 83%, y remunerar el trabajo doméstico mediante un subsidio estatal, un 72%.

Así mismo, existiría consenso sobre aplicar un impuesto especial a los súper ricos, 75% e igualar la Pensión Mínima al Salario Mínimo, asunto en el que un 73% señaló estar convencido. En este tema, la labor de las AFP solo fue apreciada positivamente por un 12% de los encuestados. Sin duda, el tema de las pensiones es clave para la sociedad y hay que profundizar en su estudio, sugirieron todos los participantes.

La presidenta del Senado, Yasna Provoste, agradeció y destacó la importancia de este tipo de estudios, que calificó como “confiables y oportunos”. Si bien, no es posible legislar basados en encuestas, sí permiten ver “el rostro del miedo a la cesantía, la inestabilidad laboral, la falta de recursos para cubrir necesidades básicas, como comer. Sin duda, los debates legislativos son insuficientes”, dijo.

Agregó que “Chile es una sociedad profundamente desigual, con una brecha obscena entre los súper ricos, los más acomodados y el desamparo en el que viven los que únicamente acceden a una comida gracias a la solidaridad de alguna olla común”; es muy fácil alejarse de la realidad cuando no se tienen estos problemas, por eso estos estudios son tan importantes.

Sostuvo que es fundamental legislar sobre las condiciones laborales de los trabajadores, establecer una Renta Básica Universal, asegurar que los Bonos de la Clase Media lleguen a quien lo necesita, hablar de un Salario Mínimo que garantice la seguridad humana.

El Teletrabajo, a su juicio, “oculta una forma de precarización del trabajo” que hay que enfrentar. Durante la pandemia ha golpeado con dureza a los educadores, a los trabajadores de las comunicaciones y otros como los de instituciones financieras, mencionó.

Para Juan Somavía, todos estos temas deben ser abordados en la nueva Constitución y las leyes; debe ser trabajo de los constituyentes y no solo del gobierno y los parlamentarios. La legislación actual, no valora el trabajo del ser humano; considera el trabajo como costo de producción, “pero tiene otras dimensiones que son sociales y por ello hablamos de trabajo decente”, explicó.

Indicó que, así como sostiene también la OIT, “el trabajo no puede ser considerado una mercancía, porque es fundamento de cohesión y paz social. Es fuente de dignidad personal, refleja la manera en que vivimos y viven nuestras familias”, dijo.

Se puede acceder a la grabación del lanzamiento mediante las redes
sociales de la CUT y al estudio completo aquí.

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